30 mar. 2009

Cómo se mata la autoestima de los peruanos

Cómo se mata la autoestima de los peruanos

Esta semana se ha hecho público el caso de una madre de familia que mató con veneno a sus hijos, de un año y siete años de edad, procreados con diferentes parejas. El suyo iba a ser uno de los tantos casos de madres de familia que agobiadas por la miseria y el sufrimiento matan a sus hijos y se suicidan. La mujer a que aludimos no calculó bien las dosis y para cuando quiso envenenarse ya no había veneno; por eso está viva y presa.


Estando segura de que iba a morir escribió una nota en la cual explicaba que mataba a sus hijos porque sabía que iban a ser maltratados y que nadie los iba a querer como ella1. En dramas como éste todo parece ser reflejo de un estado y una sociedad incapaces de resolver los problemas derivados de la miseria. Está probado que, como en otros países de América Latina, nuestra estructura social determina que el crecimiento económico mantenga prácticamente inalterable la gran diferencia o distancia entre pobres y ricos.

Sin embargo, siendo eso cierto, lo que no se desea ver es que determinadas situaciones son propiciadas por el estado, cualquiera que sea el gobierno de turno. Entonces las barbaridades y dramas que vivimos a diario cobran sentido, adquieren un significado que podemos entender. Lo que se ve es que estas situaciones de drama, miseria y muerte son producto de una deliberada política de estado que persigue determinados objetivos con la población.

La inseguridad


Un reclamo unánime de la población al estado es que le proporcione seguridad. En medio de todo, hasta el más pobre contribuye a las arcas fiscales al comprar cualquier cosa (los impuestos están por todos lados) y tiene derecho a pedir que el estado cumpla una de sus funciones ineludibles, como es la de proporcionar seguridad a la gente. ¿Pero qué vemos? Que más bien el estado hace todo lo posible para dejar la inseguridad tal como la observamos. ¿Por qué? Porque desde el gobierno de Alberto Fujimori empresarios nacionales y extranjeros (entre ellos chilenos) exigieron —y lograron— que haya precarización del empleo para poder invertir. Cumplida esa condición (pérdida de estabilidad laboral, sacar gente de planillas, reprimir a los sindicatos, etc.), los empresarios estuvieron felices porque se concretaba el ideal del cholo barato, dispuesto a trabajar por cualquier paga miserable, sin seguridad social ni nada.

Pero eso no era suficiente. Como ni el estado peruano ni el sistema bancario promueven el ahorro interno ni el desarrollo del mercado interno por un mayor poder adquisitivo de la gente2, los parásitos que crean las leyes consideraron que la situación “mejoraría” extendiendo la precariedad o inseguridad laboral hasta llegar a una inseguridad personal. Así, un obrero que recibe su paga semanal y que en la calle es asaltado y despojado de su dinero y hasta de sus zapatos es una persona más que dispuesta a continuar en su trabajo de baja remuneración. La delincuencia, permitida por el estado, se encarga de crear un clima de temor en las personas, temor que aumenta su disposición a aceptar cualquier trabajo.

Como es inevitable que incluso con la permisividad caigan delincuentes en la cárcel, se les da facilidades para que en su reclusión tengan drogas, alcohol, armas para que se maten entre ellos, teléfonos celulares para organizar o coordinar nuevos delitos, ambientes de recepción de visitas propicios para que con mucha facilidad el delincuente asesine a su esposa o conviviente que lo visita, etc., etc. El ex conviviente de la mujer que mencionamos en el primer párrafo acababa de salir de la cárcel y revólver en mano la amenazó para que se reanudara su relación. Ella percibió que iba a ser una más de las innumerables mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas, y esto debe haber influido en la decisión de matar a sus hijos (¿quién vería por ellos luego de que la asesinara su marido?).

Para facilitar cierto desfogue social, el estado peruano se niega a dar seguridad o protección a mujeres de clase baja3 maltratadas y amenazadas de muerte, porque considera que es preferible que mueran por ser pobres y problemáticas4, y mejor si mueren matando a sus hijos. En este contexto, los delincuentes uxoricidas, ya saciado su instinto asesino, siguen creando inseguridad dentro de los límites previstos por la sociedad.

Ciudadanía devaluada


No sólo se trata de la inseguridad frente a los delincuentes que roban o matan en las calles o entran a robar a las casas, donde también matan si alguien intenta resistir. El hecho de que los ciudadanos no obtengan seguridad a cambio de los impuestos es una demostración del propósito del estado de hacerle entender que él ni su dinero tienen valor. Hay otras circunstancias que demuestran esto.

En determinados sectores de la ciudad, a ciertas horas aparecen en las calles prostitutas y homosexuales que se pasean como amos y señores; también vendedores ambulantes pueden adueñarse de pistas y veredas. Esto produce indignación e impotencia en los vecinos: ni la policía ni la municipalidad hacen algo efectivo para resolver el problema. Aquí también el mensaje del estado al ciudadano es inequívoco: “Claro, tú pagas como contribuyente pero no tienes derecho a nada, lo que pagas es muy poco; ya pasó el tiempo de elecciones y no hay ningún compromiso que cumplir”.

Cuando por otras razones (ajenas a la seguridad) el ciudadano va a dependencias públicas (municipalidades, ministerios, hospitales, etc.), es atendido de la peor manera, para hacerle sentir y entender que no vale nada.

Valores

El sistema de educación pública del Perú es uno de los peores de América Latina (peleamos ese “honor” con Haití), y nuevamente el estado actúa de manera tal, que la gente pobre, que constituye la gran mayoría del Perú, comprende y acepta que no merece una buena educación5 para sus hijos. El mensaje del estado a los pobres es: “Para ti esta educación es muy buena; le gente que no es una carga, la gente que sí vale, se esfuerza y manda a sus hijos a escuelas, colegios o universidades particulares. Aguanta, no mereces otra cosa.” En este empeño de tener a la mayoría de la población inmersa en una educación de pésima calidad tiene activa participación el principal sindicato de maestros, el Sutep, que aparte de reclamos laborales nunca ha luchado por mejoras sustanciales en la educación, tanto en el rubro de conocimientos como en los valores6. Los contenidos prochilenos de los libros de Historia7 son tolerados con entusiasmo por el Sutep, que nunca ha dado instrucciones a sus bases para que rechacen esos libros de contenido antiperuano8.

Con la conciencia y con la autoestima subvaluadas, el peruano es fácil presa de delincuentes, políticos corruptos al servicio de Chile9, patrones abusivos, etc., etc. Ya sabemos cómo reacciona la gente y qué hacen las autoridades frente a la prostitución infantil10 promovida por el estado peruano. Su capacidad de reacción es muy limitada. Si son campesinos o nativos de tribus selváticas que defienden sus tierras frente a empresas que han sido favorecidas corruptamente, son perseguidos, detenidos, acusados de terroristas, torturados o muertos. Así se les pone en su sitio, así entienden la diferencia. Pero no se crea que solamente la gente que vive en la miseria tiene su dignidad dañada, su amor propio por los suelos; no. Personas como oficiales de la Marina de Guerra del Perú han llegado al abyecto extremo de rendir homenaje con monumento al hampón chileno Arturo Prat11.

Tenemos por delante la difícil tarea de restaurar la vulnerada dignidad del ciudadano peruano, para lo cual se necesita luchar contra la corrupción del estado, desarrollar una educación que no sólo proclame o declame valores sino que los ponga en práctica, que haga sentir a las personas que son merecedoras de algo bueno, de algo con calidad; que enseñe el respeto a la familia y a la patria y a la sociedad; que abra los ojos ante el intento de colonización y avasallamiento que en nuestra patria realiza Chile, país delincuente que ha robado Antofagasta a Bolivia y Tarapacá y Arica al Perú; que enseñe que el Perú es un pueblo respetable y digno, heredero de la gran civilización incaica y que tiene héroes como Juan Santos Atahualpa, Túpac Amaru, Francisco Bolognesi, Andrés A. Cáceres, Miguel Grau12, José Abelardo Quiñones13.

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1 Hemos tocado anteriormente estos casos. Leer El culto a Moloc en el Perú del siglo XXI

2 Evidentemente, el cholo barato, por su bajo poder adquisitivo, no mueve la economía.

3 Una mujer de clase alta que es maltratada, agredida o amenazada por su pareja sale del peligro con relativa facilidad (puede mudarse a otro domicilio, contratar abogado, pagar guardaespaldas, etc.), tiene los medios para hacerlo, no depende económicamente de nadie.

4 Estando vivas, por sus hijos entran al programa del “Vaso de leche”, requieren atención hospitalaria, siempre están pidiendo algo porque son pobres. Eso es demasiada molestia para el estado.

5 Lo mismo que señalamos para la educación podemos decir del sistema de salud, con hospitales donde se maltrata a la gente.

6 Todos los delincuentes presos o libres han pasado por escuelas y colegios. ¿Qué clase de valores han recibido allí para que tengan una conducta tan negativa?

7 Leer: ¡Infamia contra escolares al descubierto!, ¡Lavado cerebral a escolares promovido por Ministerio de Educación! y Crisis de la profesión de Historia

8 Leer: (“Feriados largos”: el Apra y el Sutep unidos contra la educación).

9 Estos políticos vendidos defienden (abierta o secretamente) a Lan y demás empresas chilenas y apoyan el TLC con Chile, destinado a convertir al Perú en colonia de Chile.

10 Leer: Trata de personas: lenidad con los proxenetas

11 Leer: García y Wagner humillan a la Marina de Guerra

12 En los libros que promueven el Apra y el Sutep no se emplea la palabra héroe para referirse a Bolognesi, Cáceres y Grau. Leer: ¡Infamia contra escolares al descubierto!, ¡Lavado cerebral a escolares promovido por Ministerio de Educación!

13 Para demostrar y enseñar a la gente que los héroes peruanos no valen nada, ya no se celebra la victoria peruana de Tarapacá (27 de noviembre de 1879). Además, evidenciando que Chile manda al Apra, el gobierno aprista pretende vender a los chilenos el aeródromo de Collique, que es sede de la única escuela peruana de aviación civil, pese a que el héroe Quiñones como última voluntad donó parte de su último sueldo para la colecta que se hacía con el fin de adquirir el terreno para el aeródromo de Collique. Es obvio aquí que para complacer a los chilenos el Apra pisotea la voluntad popular y la voluntad, expresada por escrito, del héroe José Abelardo Quiñones.

Fuente:

http://connuestroperu.com/index.php?option=com_content&task=view&id=5602&Itemid=31

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