"Nosotros queremos mantener nuestra identidad, nuestra cultura, nuestro idioma, no nos importa el terrorismo ni el narcotráfico", dijo a la AFP la líder asháninka Olga Roca Mendieta en un reciente viaje a la región donde viven.

Los asháninkas, una etnia integrada por 52.000 personas, habita la selva central y sudeste de Perú y sus comunidades están ubicadas en gran parte del Valle de los Ríos Apurímac y Ene (Vrae), una región cocalera bajo control militar por la presencia del narcotráfico y de Sendero Luminoso.

Roca Mendieta, con el rostro pintado y vestida con traje típico de asháninka, dijo que en la década de los 80 su colectividad vivió toda la violencia senderista "y por eso ahora queremos vivir en paz manteniendo nuestra tradición cultural".

Entre 1986 y 1996 los asháninkas estuvieron en medio del fuego cruzado entre esa guerrilla maoísta y las fuerzas de seguridad.

Sus integrantes eran secuestrados por los grupos armados, que los reclutaban a la fuerza y los utilizaban como esclavos, mientras que los militares los consideraban sospechosos de colaborar con la subversión, según denuncias de grupos de derechos humanos.

Jésica Cipriano, coordinadora asháninka del Vrae, refirió que allí viven 345 comunidades nativas, la mayoría asháninkas, y en menor proporción integrantes de la etnia machichenga.

"Sentimos que por acción del narcotráfico y de Sendero Luminoso se está destruyendo nuestro modo de vida, nuestras costumbres", comentó Cipriano, quien subrayó que viven en un contexto de pobreza, en medio de enfermedades que transmiten personas ajenas a su etnia.

En la comunidad asháninka de Sampantuari, en el Vrae, el profesor Jaime Velásquez, director de la escuela local, expresó su temor de una nueva secuela de la violencia como la que sufrieron en las dos décadas pasadas.

"Nosotros hemos sufrido la lacra social que fue Sendero Luminoso y esperamos que esto no se repita", dijo Velásquez al referirse al accionar de los grupos senderistas que subsisten en esa región en alianza con los narcotraficantes.

Los nativos de esa comunidad se dedican a la siembra de cacao, yuca y achiote, pero afrontan problemas para vender sus productos.

A ello se agrega que de las 800 personas que viven en Sampantuari, 300 son niños que sufren de desnutrición.

"Los niños sufren poblemas estomacales por el agua que beben de los ríos contaminados con sustancias tóxicas derivadas de los insecticidas e insumos químicos utilizados en el procesamiento de la pasta básica de cocaína (PBC), paso previo a la elaboración de drogas.

El Vrae es un valle montañoso y de profundas quebradas que incluye partes de los departamentos de Ayacucho, Cusco, Junín y Huancavelica, en unos 34.072 kilómetros cuadrados de selva, que poseen el 60% de la diversidad natural de todo el Perú.

Fuente:

http://noticias.latam.msn.com/pe/peru/articulo_afp.aspx?cp-documentid=25359011