1 nov. 2009

Vacunos que ladran: la historia del pueblo que come perros

[16-01-2003]

Vacunos que ladran: la historia del pueblo que come perros


Los perros se desaguan por dos días y luego se preparan a gusto del consumidor: a la parrilla, escabechado, al disco. “La sopa es buena para los males del estómago”, dice una señora sin empacho. “Son vacunos que ladran”, bromea otro huaso ladino con voz cantadita. Primera Línea “aperró” en busca de la historia.

Por: Rodrigo Quiroz
Fuente: PrimeraLínea

La población está al costado izquierdo de la ruta que lleva al balneario de Pichilemu. La vieja y abandonada línea del tren separa el centro de Peralillo de la población “El Tajo”. El calor rebota en las calles de tierra y los perros dormitan lánguidos en las esquinas. La gente no tiene mayores problemas en reconocer que históricamente ha comido perros. Aunque los pobladores que accedieron a conversar de esta antigua costumbre establecen un primer límite: “Ya no es como antes”, dice la señora Olga quien además de aclarar la frecuencia del uso me da algunas recetas para prepararlo.

Camino desorientado por las callejuelas en busca de mi contacto: Isabel, una joven madre de tres chiquillos que comparte la crianza de sus hijos con la recolección de uva en alguna viña. Sabe de la costumbre que nos trajo por estos lados y lo reafirma con gracia campesina: “yo he comido un par de veces, siempre engañada, mi papi los preparaba y los pasaba como cabritos. Eran harto guenos hasta que descubríamos que eran perros”, dice mientras me acompaña en busca de los más “come perros”.

No sé si por efecto del calor veraniego, o por la sequedad de la tierra, los canes parecen multiplicarse. Cuando veía a los quiltros adormecidos por la modorra de las once AM, no podía dejar de recordar cuando en los monos animados el Coyote veía al Corre caminos como un apetitoso pollo a las brasas ¿Se imaginarán así a los perros estas personas?.

Marta es la primera en dar su testimonio. Un poco asustada por el cartel de periodista en pueblo fantasma escruta mi grabadora con desconfianza. “Yo he comido perro, pero no lo hago muy seguido. Siempre he comido engañada. La carne es igualita que la de un chancho”, señala con humor.

“La segunda vez que comí quedé traumada. Después veía un perro vivo y me ponía a llorar, el shock me duró como tres meses. Ahora se come menos, como que es mal visto. Por aquí igual quedan personas que continúan haciéndose chupete los perritos”, dice señalando con la vista y los labios a una vecina que barre la calle.

- En esa casa comen, pregúntele a ellos...

- Por qué no le pregunta usted -digo abusando de su confianza.

- Vecina, venga pa’ hacerle una preguntita.

La señora se bambolea hasta el quicio de la puerta donde hemos estado conversando. Es morena y de una edad indefinida que oscila entre los 45 y los 60 años.

- ¿Usted come perros, cierto? -pregunta Marta.

- Si pue... acaso el amigo quiere comerse un perrito -dice mirándome con un rostro gris.

- No, es un periodista que anda haciendo un reportaje...

La revelación de mi oficio no estaba en los planes inmediatos. Al enterarse del real motivo de mi visita, la señora se devolvió sobre sus pasos y siguió barriendo.

- Parece que la cagué -me dice Marta.

- Parece -digo.

Al final no todo estaba perdido, puesto que la señora accedió al diálogo de todas maneras. Me acerqué y le dije que no se preocupara, que sólo quería saber cómo se preparaban, qué sabor tenían, y que en ningún caso iba a comerme uno.

“Mis hijos son los que preparan, son hartos ricos. Lo primero es desaguarlo, después lo puede comer asado, escabechado o al jugo, como usted quiera. Se le botan las tripas y se aprovecha enterito, hasta los huesos. No hay como una sopita de perro para problemas de la guata”, dice la señora que finalmente respondía al nombre de Olga.

Desaguarlos significa que el perro es expuesto por uno o dos días a una corriente de agua. Lo mejor es dejarlo en un canal o río para que el perro se limpie. “La carne queda blanquita”, nos dice la señora Olga.

Antes de partir, porque sus hijos no se encontraban en casa, nos ayuda con los nombres clave para el desarrollo del reportaje:

-Gabiño y Juan Baca son los maestros, a ellos los perros les quedan para chupetearse los dedos -afirma la mujer.

-Gracias -digo, y un niño que nos acompañaba en silencio acaricia a un perrito negro sin cola.

Juan Baca es el come perro por excelencia de la población. Lamentablemente se encontraba desaparecido del pueblo. En un terreno que contaba con un solo muro de adobe que llamaban la “cucaracha” -porque ahora están construyendo una casa-, Juan y sus amigos realizaban los tontos asados de perro. Isabel me lleva al lugar y no encuentra argumentos para explicar la ausencia del hombre.

-Debe andar trabajando pa’ los cerros, a veces se va pal monte, por allá vive en un horno de barro -dice.

Juan Baca no aparece en el mapa y el personaje clave de la historia provoca el derrumbe momentáneo del reporteo. A esa altura del día (14:00 horas) la gente comienza a mirar con extrañeza mi automóvil. Paramos en una casa y la negativa es clara: “Estay loca, después nos cae la protectora de animales”, dice un hombre joven de aspecto duro negándose a compartir la historia.

Hasta que apareció Gabiño.

“Son vacunos que ladran, iñor"

Gabriel llegó del trabajo y aceptó hablar de esta costumbre sin miedos. “Oiga gancho si son harto guenos”, dice de buen humor mientras instalo la grabadora sobre una mesa.

- ¿Usted come perros?

- Sí, he comido perros, claro que ahora menos que antes. En otros tiempos yo era muy re gueno pal trago. Ahora estoy rehabilitado, me metí en Alcohólicos Anónimos y hace tiempo que no pruebo ni una gota de vino. Por Dios santo.

- ¿Cómo se preparan?

- Se abren igual que un cordero -dice mientras con la mano hace el ademán de introducir un cuchillo en el estomago y cortar hasta la garganta.

“Es igualito que aliñar un chancho. Se desagua uno o dos días y luego se charquea la carne. Después vamo aliñando: comino, ajito, orégano, vinagre y listo. Si tiene hambre come altiro...

- ¿Cuál es el sabor de la carne de perro?

- E igual que un chanchito, rico poh. No maté nunca uno, sólo comí, incluso un día llegó un compadre de Pichilemu a vivir p’ acá preguntando por alguien que matara perros, pa’ comprarle un pedazo. Los médicos le habían recomendado que, ojalá, comiera dos o tres veces al mes, así que se vino p’a estos lados...

- ¿Y salen a “cazar” perros?

- ¡No, no poh!. Por ejemplo, una señora tiene un perro que la tiene cabreá y lo ofrece pa’ que lo tengan por los potreros o pa’comelo. A veces hay perros güena clase que se ponen mañosos, que atacan a los niños chicos y los entregan pa´matalos...

- No pezcan los perros de la calle que andan vagando

- No, esos tienen más piojos que nosotros. No va andar una persona buscando perros por ahí, como si buscara trabajo, no. No es cualquier perro el que se come, tiene que ser uno güeno, algunos tienen más carne que un cordero.

- ¿Cómo los prepara?

- Como quiera usted, al jugo, asadito, escabechado ¿comería usted a esta altura?.

- No sé...

- Pa'que haga un buen reportaje, es muy güeno, anímase a comerse un perrito, así no tiene que andar preguntando tanto.

La idea de comer perros para enriquecer la historia me deja traspuesto un momento. Gabiño me saca del lapsus con una pregunta:

-¿Usted viene de la protectora de animales o viene por Lavín?

Los perros se comen por cualquier circunstancia: asados de camaradería, bromas para algún “pesado”, hambre o remedio pa’ los niños.

La señora de Mario Correa tenía un mocoso malo pa’ comer. Ella le hacia caldito con el hueso de la pata, después había que quitarle la olla al cabro”, dice Gabiño, muerto de la risa.

Corderito arvejado

Mucha gente ha comido engañada, les pasan perro por cordero, o chancho. Gabiño cuenta una historia que grafica hasta qué punto una broma puede resultar divertida... o peligrosa:

"Una vez hicimos comer a un paco. Estábamos en una asado en la casa de mi padre con un carabinero de apellido Concha, un tipo grande (Gabiño extiende las manos para describir a un hombre del tamaño de un oso). Un día llegó el Concha y dijo: hay un huevón de guardia en la tenencia que no come perros aunque se muera. El Concha lo llamó y le dijo: oye huevón nos estamos comiendo un corderito arvejado ¿por qué no venís?.

- No ¿y con quién dejo la guardia?, respondió el otro.

Concha le mandó un carabinero que andaba con él y el otro se vino a la casa. Llegó y se comió la carne, con papas fritas y hartas arvejas. Mientras estaba comiendo apareció otro amigo con una bandeja y dejó la cabeza del perro en la mesa... Menos mal que el paco no andaba con el revolver si no nos mata a toitos.

"¡No erai mi amigo conch...!", gritaba.

"Qué te va hacer el perro" decía el Concha, "si son conejos policiales", relata muerto de la risa.

"Eran los viejos antiguos quienes preparaban mejor los perros, a ellos les quedaban güenos, güenos. A veces los hacían hervir con puro vino blanco, igual que un cocimiento. Traiga plata y nos comimos uno", dice en broma.

Después de dar el testimonio, Gabiño se queda en silencio como arrepentido de haber entregado tanta historia. El canto de un gallo rompe la ausencia de ruido.

“No creo que pueda hacer hablar a más gente, nadie le va a decir en tal parte se están comiendo los perros, después llega la protectora preguntando quién mata y come perros y lo hacen cagar a uno”, finaliza.

En muchos lugares del campo se comen los perros. A pesar de ese conocimiento popular, quisimos “saborear” esta historia de cerca. Además, Peralillo, la comuna donde se ubica la población come perros, fue el destino de los únicos perros vagos que el alcalde Joaquín Lavín alcanzó a sacar de Santiago. Qué perra vida.

Fuente:

http://www.primeralinea.cl/p4_plinea/site/20030115/pags/20030115130456.html

3 comentarios:

  1. Que asquerosidad, y todo por no trabajar, es una verguenza comer carne de perro, que gente esquizofrenica!

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  2. Hay que ser muy estúpido para asociar el consumo de perro con gente que no trabaja y además que sufre esquizofrenia.

    Seguro que la carne que comes en tu mesa es del mejor filete solo porque la compras sellada.

    Pobre tonto.

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  3. Esos chilenos son unos salvajes ! Está fuente fue sacada del reportaje en el 2003 en chile, del diario la primera , pongan en Google 'los vacunos que ladran' y encontrarán la nota.

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